Reprogramación accidental
¿Cómo funciona esto? ¿Reprogramación accidental? Significa básicamente volver a programar algo, en este caso, la mente, de manera no consciente. Pues si eso es así, la mayor parte de las veces estamos reprogramándonos accidentalmente. Son tantos los estímulos que se cuelan sigilosamente en nuestra mente, que lo excepcional es una reprogramación deliberada, consciente.
El fenómeno de la atención selectiva nos impulsa a fijar nuestra atención en aquello que va a confirmar nuestras creencias. ¿Son objetivos nuestros sentidos? Está claro que no. Y por ende, ¿son objetivos nuestras pensamientos, opiniones, ideas? La respuesta, de nuevo, es no.
Y ahí estamos, recibiendo “inputs” a través de nuestros sentidos. Y de todo lo que nos llega, la mente consciente atiende a un porcentaje muy bajo. No te sabría decir cuánto, pero muy bajo. Y esto no es ni bueno ni malo. Por ejemplo, si vamos condiciendo, sería humanamente imposible atender a todos los estímulos que percibimos. Nuestra mente se encarga de filtrarlos y seleccionar aquellos que, según nuestra experiencia, son relevantes: una moto que se acerca por detrás, una señal de prohibido el paso, un peatón que se dispone a cruzar,...
Eso de la reprogramación accidental (lo he llamado así, pero seguramente tendrá otras acepciones, como estimulación inconsciente, automatic inputs, o algo similar) es en lo que invierten tantos esfuerzos los expertos del marketing: cómo llegar a nuestros bolsillos sin que parezca un robo. Y entonces nos crean “necesidades” que, aunque objetivamente estarían en el grupo de “no esenciales”, nos hacen creer que no, que están en el grupo de las “esenciales”. “Lo necesito para vivir, si no, seré un infeliz”.
Es complicado, pero todo esto lo podemos combatir haciéndonos más conscientes de nuestros pensamientos y nuestros actos. Nos podemos hacer preguntas del tipo:
• ¿Cuáles son mis valores y principios?
• Lo que voy a hacer, ¿está alineado con estos valores y principios?
• Lo que me están diciendo que compre, ¿realmente lo necesito? ¿Hay otras alternativas? ¿Estoy siendo una marioneta del sistema consumista actual?
La pregunta principal es la primera. Habrá que indagar en uno mismo, empezar a conocerse. Si nos cuesta mirar en nuestro interior, podemos empezar mirando en nuestro exterior, en nuestros actos. ¿Qué estoy haciendo que evidencia qué valores se esconden detrás de este comportamiento?
Ya los antiguos sabios instaban a ello: “conócete a ti mismo”. Ésa es la clave. Un trabajo arduo, pero que merece la pena.
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