La fantasía y los pensamientos
El ser humano tiene la capacidad de imaginar, de inventarse escenarios, de implicarse en historias irreales, de vivir experiencias solamente con el poder de la imaginación. No solamente implica la visualización, sino la emoción, los sentimientos, llegar a verse en esos escenarios. Es por eso que inventamos las novelas, las películas, y todo aquello que es capaz de transportarnos a otros lugares, a otros mundos. Porque así podemos vivir otras vidas sin levantarnos de nuestro sillón, sin tener que morir y volver a nacer en otro cuerpo y en otras circunstancias.
Los sueños, esas historias que vivimos sin tener el control sobre ellos. ¿No es, cuanto menos, extraño? Volamos, huimos, luchamos, nos desnudamos, nos situamos en escenarios insólitos, en una casa que no hemos visto nunca, con personas conocidas pero sin ningún vínculo entre ellas. Todo tan insólito, y lo aceptamos. ¿Quién está al mando de nuestra mente en esos momentos? ¿No somos nosotros los dueños de nuestro cuerpo y, sobre todo, de nuestros pensamientos? Pues la evidencia nos lleva a decir que no. Incluso en un estado consciente, los pensamientos vuelan, se dispersan, hacen su propio viaje, hasta que nos percatamos de que nos hemos ido, se nos ha ido el santo al cielo.
La conclusión es que nuestros pensamientos no somos nosotros, que la mente tiene su propio sistema para generarlos. Y si los pensamientos no somos nosotros, no tenemos que identificarnos con ellos. Si me viene un pensamiento como “no voy a ser capaz de hablar en público”, no tengo por qué reconocer su certeza, porque es tan solo un pensamiento que ha salido de mí, pero que no soy yo. No tiene por qué ser verdad.
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