Funcionario y fantaseando con otra vida laboral
Cuando apruebas una oposición y te conviertes en funcionario, es una celebración. Envidiado por unos, felicitado por otros, la vida te acaba de cambiar. Ya puedes ir al banco a pedir la hipoteca de tu vida para comprar la casa de tu vida y quedarte hipotecado para el resto de tu vida. La seguridad y la estabilidad laboral que tienes a partir de este momento es máxima, al menos aquí en España. Eso es bueno si profesionalmente no tienes más aspiraciones. Puede que dentro de tu sector puedas promocionar. Si eres ambicioso y te encuentras con ánimos, adelante.
Si profesionalmente quieres más, si no te quieres quedar aposentado en tu cómodo puesto para los restos, quizá lo empieces a sentir como una cadena que no te deja probar otras cosas.
Yo soy profesor de música, con plaza definitiva desde el 2001. Seguramente habrá profesores vocacionales que sientan la pasión necesaria para lidiar con el día a día en sus clases. Estos profesores no cuentan los días que les quedan para las próximas vacaciones. Creo que este espécimen es cada vez más escaso. Las circunstancias laborales tampoco ayudan. Hay factores compensatorios, como las vacaciones de verano, ésas que estoy disfrutando ahora 🏖, desconectado de la educación reglada 📐.
Cuando empiezo a estudiar música a los 7 años, no pienso ni por asomo en que ése va a ser mi futuro profesional. Me gusta cuando empiezo a ganar mis primeros billetes tocando en bandas y orquestas. Me pagan por algo que me gusta hacer. Me gustaría haber sido como otros que tienen claro qué quieren ser de mayores. Compagino la carrera de psicología con los últimos años de conservatorio. Eso ya es una demostración de mis dudas laborales. ¿Me decantaré por la música o por la psicología? Además, ambos campos son tan amplios que el camino se convierte en una era por la que puedo estar dando tumbos sin terminar de definir mi ruta. Me dejo llevar por los acontecimientos. Me llaman desde La Rioja para trabajar en secundaria. Me dejo llevar.
Creo que el destino no está totalmente definido. Tenemos cierto margen de maniobra. Cuando tienes claro qué quieres hacer y pones empeño en ello, el destino se va a ir adaptando a ese deseo. Cuando no lo tienes claro, es el destino el que te lleva.
No me puedo quejar. Empiezo en octubre de 1996. ¡Qué de años han pasado ya! Dos años en Arnedo y al tercero ya estaba en mi provincia de nacimiento. Elche, Aspe, apruebo las oposiciones, Novelda, Novelda y definitiva en Altea. Allí estoy durante 5 años. Concurso y me destinan a Sant Joan d’Alacant, justo uno de los 3 ó 4 institutos que había pedido. La suerte me ha acompañado en este tipo de jugadas. Aquí me aposento durante la friolera de 13 años, que se dicen pronto. ¿Qué pasó durante todos esos cursos? Estuve ocupando el puesto de secretario durante 12 años. El contacto con el alumnado fue bastante testimonial.
¿Me gusta enseñar? Sí, pero con la condición de que el enseñado tenga un mínimo de interés. ¿Eso es pedir mucho? Parece ser que sí. ¿Enseñar música en secundaria obligatoria era mi mayor aspiración? Buena pregunta. El puesto tiene margen para desarrollarme en muchos ámbitos: el psicológico, el pedagógico, el audiovisual, el artístico, el organizativo, el social,...
Conclusión: no me arrepiento de estar donde estoy. Podría estar escribiendo libros de autoayuda, o novelas, o tocando en una orquesta profesional, o dirigiendo un gabinete de psicología clínica, o trabajando de freelance como diseñador gráfico. No sé. Soy maleable para que el destino tenga margen para jugar conmigo.
Ahora me siento capaz de atender las necesidades de mis alumnos y además de iniciar otros negocios que diversifiquen mis ingresos y mis capacidades. Seré de los que no dejará su seguro trabajo de profesor para embarcarse en aventuras empresariales inciertas, pero sí de los que abrirá su mente y sus acciones a nuevas fuentes de desarrollo personal y económico.
Comentarios
Publicar un comentario